domingo, 23 de marzo de 2008








EL TIEMPO COMPARTIDO

El tiempo de uno

Recuerdo viajar con poco equipaje, dormir cuando el sueño llegue, leer toda una tarde, desaparecer de casa con la fiesta encima. Pensarme sola es algo casi lejano y disponer por completo de mi tiempo es imposible.

Ahora trabajo al igual que cuando conocí a Mauricio sólo que en aquél entonces era cocinera. Nos encontramos en una fiesta tradicional llena de música y sabor; ni como pensar que nuestra vida juntos iba a ser igual, un vaivén cálido con aroma a mar.

Después de aquel encuentro, yo seguía en mi espacio y él en el suyo pero los fines de semana eran comunes.

El tiempo compartido


Un jardín inmenso y él girando vestido de blanco. Elías es nuestro hijo y en pocos meses cumplirá sus tres años.

Para llegar tardó dos días, me avisó un martes temprano y nació la madrugada de un jueves en la cama de nuestro casa. Me quedé sin fuerza ni sangre así que acabé en el hospital y él durmió en una casa ajena. No pude descansar, pensaba en él tan recién llegado y solo. Mauricio, mi esposo, estuvo en la sala de espera todo el tiempo también sin saber que hacer, quedarse o irse a verlo. Así fue como comenzó esto de ser tres.

El tiempo es distinto ahora, compartiendo mañanas de domingo con ardillas por la ventana y noches de parques, camas mojadas, gritos inexplicables y zapatitos por toda la casa. Me hace pensar en lo irrepetible de cada día y como la vida se va haciendo corta con los años.

La memoria en la vejez se deteriora y en la niñez tarda en conformarse. El comienzo del pensamiento y la conciencia en un niño se da a partir de los tres años, a mi hijo le quedan meses aún de "inconciencia". Decidí, desde que supe que el venía, documentar los tres años que no recordará y también un poco de cómo eran las cosas antes de que él llegara a nuestra vida.

Este trabajo es una memoria gráfica de sus recuerdos esfumados.